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Un señor le compró un conejo a sus hijos. A su vez, los hijos del vecino le pidieron una mascota a su padre. El hombre compró un cachorro Pastor Alemán... El vecino exclamó: - ¡Pero él se comerá a mi conejo! - De ninguna manera, mi pastor es cachorro. Crecerán juntos, y serán amigos. Yo entiendo mucho de animales. No habrá problemas.
Y parece que el dueño tenía razón. El perro y el
conejo crecieron juntos y se hicieron amigos. Era normal ver al conejo
en el patio del perro y al revés. Decía el hombre: - El vecino tenía razón, ¿y ahora qué haremos?. La primer reacción fue echar al animal de la casa como castigo, además de los golpes que ya le habían dado. En unas horas los vecinos iban a llegar. Todos se miraban, mientras el perro afuera lamía sus heridas. Uno de ellos tuvo la siguiente idea:
- Bañemos al conejo, lo dejamos bien
limpiecito, después lo secamos con el secador y lo ponemos en su casita
en el patio. Así lo hicieron; hasta perfume le pusieron al animalito.
No pasaron cinco minutos cuando el dueño del conejo vino a tocar a la puerta, algo extrañado. - ¿Qué pasó?, le dijo su vecino. - El conejo murió. - ¿Murió? - Sí, murió el viernes. - ¿Murió el viernes? - Sí, fue antes de que viajáramos. Los niños lo habían enterrado en el fondo del patio... Autor Desconocido
El gran personaje de ésta historia es el perro.
Imagínate al pobrecito, desde el viernes buscando en vano por su amigo
de la infancia. Después de mucho olfatear, descubrió el cuerpo
enterrado.
El hombre tiene la tendencia a juzgar anticipadamente los
acontecimientos sin verificar lo que ocurrió realmente. ¿Cuántas veces
sacamos conclusiones equivocadas de las situaciones y nos creemos dueños
de la verdad? ''La gente puede dudar de lo que tú dices, pero siempre creerá en lo que tú haces''
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